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Nadie libera a nadie, ni nadie se libera sólo. Las personas se liberan en comunión.

domingo, 19 de julio de 2009

ZEITGEIST. LA VERDAD Y LA ESPERANZA DEL PLANETA TIERRA.


Es preciso ir a la raíz del problema. Humanizar el planeta consiste en hacer un planeta para y con los humanos, en el cual se de prioridad al bienestar de la especie humana sin dejar a nadie atrás. No obstante, vemos como es imposible su cristalización a causa de la fuerza inércica ejercida por unas Instituciones corruptas que a su vez, se encuentran al abrigo una falsa democracia carente de herramientas que controlen los poderes económicos. El dinero y el sistema que lo sostiene y establece toma el mando del mundo y es de sobra conocido, que el dinero está concentrado en unas pocos manos hegemónicas lo que hace todavía más complejo dar respuestas que solventen tales injusticias.


Realmente los problemas que tratamos en éste blog vienen dados, inexorablemente, a raíz del Sistema Monetario siendo así que sucedan, perduren y establezcan continuamente desigualdades sociales, étnicas y de género. Sólo es posible paliarlo erradicando de la faz de la Tierra el Sistema Monetario en el que estamos sumergidos y es Zeitgeist el que da una alternativa, a mi parecer, más que coherente con nuestra condición de humanos. Creo que es mejor dejar de escribir y que disfruten de ambos documentales. Eso sí, hagánlo si ser fatalistas, despréndanse de tales discursos negativos que incluyan a los demás y asoman a la luz para agachar la cabeza del pobre ante el poder de las fuerzas económicas, porque cada uno tiene el poder, el infinito poder de cambiar éste mundo tremendamente discriminatorio, violento, destructivo... Hay una solución posible y a ella me sumo y deposito mi esperanza.

martes, 21 de abril de 2009

CENTROS REFORMATORIOS



Tratemos de analizar un hecho concreto: Muchos de los menores que delinquen y pasan por primera vez por un centro reformatorio, acaban dando de nuevo con sus huesos en centros de este tipo; y si vamos más allá, muchos de ellos acabarán formando parte de la futura población reclusa del país. Atendiendo a estas cuestiones, a los educadores se nos antoja inevitable preguntarnos acerca de varias cosas. Por ejemplo sobre cuál es la naturaleza de este tipo de centros y hacia dónde está orientada su labor.
Bien, llamemos pues a las cosas por su nombre. Centros reformatorios. El nombre ya nos engaña; la propia forma de designar a estas instituciones ya indica que están pensados para reformar a personas (menores, no lo olvidemos), es decir, cambiarlas, reorientarlas, reeducarlas… Si observamos los resultados antes nombrados (notable nivel de reincidentes y presos potenciales entre los usuarios de estas instituciones) caemos en la cuenta de que algo no va bien. Y que decir si investigamos y nos encontramos con que la realidad interna de estos correccionales, es más propia de un centro penitenciario, que de centros donde se trata de educar menores (que es lo que realmente deberían ser). No nos queda otra que preguntarnos si lo que tratamos de analizar son centros educativos, o si realmente son cárceles para menores. A partir de esta disyuntiva se definiría nuestra forma de concebir toda la intervención educativa que, como educadores, pretenderíamos hacer valer dentro de cualquier centro de este tipo. Si pretendemos reformar, deberemos hacer de estos centros, centros educativos. Si por el contrario nos centráramos en el simple mandato de castigar el incumplimiento de una norma, obviando todo planteamiento que hiciese hincapié en el cambio de conducta, deberemos hacer de estos centros, centros penales para jóvenes. ¿Cuál de los polos de esta antinomia ofrece más posibilidades? Si os hace falta tiempo para contestar a la pregunta, mal vamos.
Los reformatorios españoles son fábricas de hacer delincuentes. Se les envía para su reforma, y resulta que salen aún más deformados de lo que entraron. No se les educa pues, simplemente se les institucionaliza bajo regímenes en ocasiones muy estrictos y restrictivos. Los criterios que rigen la organización de estos centros, basados como decimos en procedimientos represivos, sumados a los problemas de masificación y a la falta de personal cualificado (Educadores versus funcionarios con esposas y porra), tienen como resultado un menoscabo más pronunciado de la, ya de por si precaria, situación de este ámbito. Pedagogos, psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales son los perfiles profesionales más aptos para este tipo de actividad. Deberíamos sentirnos en este aspecto, los llamados a retomar esta situación y reconvertirla en lo que realmente debe ser. Lo que hoy existe no es más que la sombra de lo que realmente es, y sin duda hacia esa idea es hacia donde debemos caminar.
La vía de cambio viene facilitada por la Ley. Gracias a la modificación de la normativa de protección jurídica y responsabilidad penal de los menores, se han conseguido algunos cambios. Cambios que han afectado a las posibilidades de defensa jurídica de los menores (se ha logrado una mejora en la correcta temporización de las penas), y a la organización de los centros, referida principalmente a la cualificación del personal requerido en los centros. Volveríamos aquí a la disyuntiva anterior: Barrotes y porras versus Diálogo y práctica de la libertad, o lo que es lo mismo, Educación versus control represivo. Educadores versus Carceleros. La cuestión es si estamos o no convencidos de que un grupo de personas, bien cualificadas, buenos humanistas, dispuestos y pacientes, pueden llevar a estos centros a realizar la labor para la que realmente deberían existir, es decir, para re-socializar, re-educar o re-orientar a jóvenes que están perdidos en un mundo que no les da muchas facilidades.
Ya nos hemos preguntado por la naturaleza de los centros, preguntémonos ahora por la naturaleza del conflicto. Dejemos a un lado la responsabilidad de los que delinquen para interesarnos por las causas que lo llevan a delinquir y seguramente, daremos con los factores que determinan la inadaptación de estos individuos. Varios son los enfoques desde los que tradicionalmente se han venido analizando las causas de la inadaptación. Tenemos los Biologicistas, que encuentran en la herencia biológica, en la patología cerebral y hormonal, las causas únicas de la inadaptación y la conducta anormal. Tenemos también los innatistas o preformistas, que creen que ya existe en el nacido una organización biopsíquica que posteriormente se va desarrollando. Los psicologicistas, para los que los desequilibrios afectivos, deficiencias de inteligencia y demás factores que solo atañen a causas psíquicas son las únicas causas de la conducta desarreglada. Y por último se encuentran los sociologistas, que encuentran los factores de la inadaptación en la marginalidad social y las condiciones socioeconómicas de la propia sociedad. Sin caer en posiciones cerradas y extremistas, se debe atender a cada una de las consideraciones que hace cada perspectiva, pues pueden hallarse respuestas en cada una de ellas. No obstante, existe una que sobresale de las demás, y es la que analiza esta problemática social desde la base de sus estructuras. Ubicados en esta perspectiva encontramos causas remotas, factores que actúan de reguladores del resto y que son, por decirlo de alguna manera, los padres de la criatura. Una sociedad que basa su existencia en la injusta distribución de la renta, la cultura, la educación… una sociedad que crea desde un primer momento unas desigualdades de orden socioeconómico que originan a su vez numerosos problemas. Los factores remotos segregan las causas próximas, por ejemplo, las zonas periféricas apartadas, el paro, la falta de escolaridad, el chabolismo… Y finalmente como subproducto de estas causas surgen las inmediatas, que vendrían a ser (o lo que se consideraría en principio) los síntomas o efectos de la propia inadaptación: Factores psicológicos y clínicos.
Ante todas estas causas se pueden plantear posibles soluciones o alternativas. A largo plazo cabría reseñar la necesidad de transformar el actual sistema socio-económico hacia posiciones que permitiesen dar viabilidad a la socialización de las estructuras productivas, a democratizar totalmente la vida ciudadana o a distribuir de manera más justa la renta nacional. Cambios estos, que afectasen a la sociedad en su conjunto y pudiese de alguna forma curar el problema de raíz, pues desde esta perspectiva, la transformación de la base social constituiría la base real del cambio. A esta transformación social le seguirían otras más específicas tales como la gratuidad total de la sanidad, especialmente (en un guiño a las posiciones psicologicistas) de una sanidad psicológica y psiquiátrica que pudiese diagnosticar problemas a tiempo para ahorrarnos futuros trastornos conductuales; reformas en los sistemas de tutela de menores y en todo lo referente a los servicios sociales, reformas que a este nivel pudieran agilizar y organizar de forma más eficaz las adopciones y recogidas de menores. A todo esto podríamos sumar la propia reforma de la organización de los centros correccionales a los que nos estamos refiriendo continuamente. Esto último se reviste como necesidad para con nuestro objetivo. La mejora de la respuesta en los correccionales.
Vayamos ahora al interior de estos centros, vayamos a observar QUÉ se hace, o mejor, QUÉ deberíamos hacer. A la hora de comenzar a trabajar se hace necesario tener claras nuestras aspiraciones, los objetivos que nos proponemos, desde dónde se pretender enfocar la intervención. A partir de estos y otros elementos emergentes se va confeccionando un marco teórico desde el cual, el equipo educativo se siente participe y desde el que se confía llegar a lo propuesto. Todo este cuerpo de conocimientos se va configurando al abrigo de un deseo que prevalece sobre los demás, el deseo de ayudar y de crear una sociedad más justa. Sociedad en la que este grupo de jóvenes no tiene cabida. La conflictividad de este colectivo tiene su raíz en la situación social y afectiva que han vivido y es por todo ello por lo que el trabajar con ellos sea lo fundamental dentro de estos centros, siempre bajo un plan de acción concreto que ayude a guiar la práctica educativa.

Javier Guerra Juiz (Estudiante de La Facultad de Pedagogía de La Universidad de Salamanca)

sábado, 4 de abril de 2009

OKUPAR ES UN DERECHO



Ultimamente y por casualidad he tenido la oportunidad de visitar algunas casas okupa, de contemplar su modo de vida y a su vez, de mezclarme con las personas e ideales que allí conviven. Ante todo es preciso decir que son seres human@s y hay un Derecho Constitucional que ampara a todas las personas a tener una vivienda digna, concretamente el artículo 47. No obstante, es una realidad que hay muchas viviendas dignas y que al mismo tiempo, hay muchas personas y/o familias que carecen de la misma.
El capitalismo salvaje se ha expandido de tal manera que ha pasado ha ser prioritario en la sociedad lo material frente a lo human@ que cristaliza en discursos, a todas luces, aberrantes y violentos. Es un principio del sistema capitalista el derecho a la propiedad privada, más que le pese a aquell@s que viven en la calle, a personas mayores que viven con pensiones que estrangulan su economía para llegar a final de mes, a niñ@s que viven en familias que no tienen suficientes recursos para sostener el pago de una vivienda, a sus padres que también sufren por no poder darles una vida digna, a estudiantes y desempleados que no encuentran la manera de costearse tal gasto,...en pocas palabras a personas que en sus vidas no han tenido la suerte y/o oportunidades suficientes para integrarse en un sistema deshumanizador.
También están aquell@s que utilizan ésta manera de vida como forma de resistencia al sistema vigente y deciden no pagar por vivir bajo un techo, lo cual es lícito porque como se venía diciendo hay un derecho constitucional que los ampara. Sin embargo, bien sabemos que también existe una paradoja junto con el derecho a la propiedad privada, que generalmente se declina a favor de éstos últimos. En Holanda han solventado, a mi parecer, correctamente éste problema pues allí aquellos propietarios que tengan en "barbecho" su casa durante un año si es okupada, luego se verán con serías dificultades para desalojarlos de sus burocráticas moradas.

En la actualidad en España, vemos como infinidad de personas y/o familias con más de una propiedad bajo su poder. Vemos incluso como hay zonas de verano que en fechas invernales se transforman el lugares "fantasmas". Asimismo, hay otras muchas casas que simplemente sirven como patrimonio, para guardarse las espaldas de una crisis. O peor aún, para en el mejor momento financiero venderlas e ir así en incremento su fortuna. Lo que está claro es que no se puede permitir que hayan personas sumidas en la miseria de la calle y que las desigualdades socioeconómicas se acentúen cada vez más, es por ello que hago una llamada a las Autoridades Públicas para que pongan el tema en tela de juicio y lleven medidas de acción legal y como no podía ser de otra forma, animar a aquellas personas y/o familias que estén en una situación crítica a que le den con fuerza una patada a la puerta de cualquiera de aquellas casas "fantasmas" porque okupar es un derecho.

domingo, 11 de enero de 2009

El aborto entre las adolescentes


La tasa de abortos en menores de 20 años ha subido de forma espectacular en los últimos diez años, con un crecimiento del 155%. Así se desprende de un estudio del Instituto de Política Familiar, que recoge que Extremadura es la comunidad autónoma con mayor porcentaje de abortos adolescentes, seguida de Canarias y Andalucía. Del estudio se desprende que cada día una chica menor de 15 años aborta en España y que cada media hora aborta en nuestro país una menor de 20 años. En el 99,5% de los casos se ha aducido riesgo psíquico y físico de la madre. Pero todo esto no solo se traduce en cifras ya que las jóvenes adolescentes tienen más probabilidades que las mujeres mayores de tener un parto prematuro, un aborto espontáneo o de que la criatura nazca muerta. También es cuatro veces mayor la probabilidad de que mueran por complicaciones del embarazo. Por consiguiente, una educación sexual adecuada promueve actitudes responsables y previene embarazos no deseados y el aborto entre las adolescentes. Por ello la educación juega un papel fundamental en la prevención ya que investigaciones de campo indican que el bajo nivel de educación está directamente relacionado con un alta tasa de embarazos entre las adolescentes. Por todo ello, la Convención Sobre los Derechos del Niño y la Niña es el primer tratado internacional que reconoce los derechos reproductivos de los y las adolescentes. Dicha Convención protege el derecho a la vida y a la salud, lo que incluye el derecho a una atención médica adecuada, confidencial y segura para las adolescentes que tienen complicaciones médicas a causa de un aborto inseguro. De la misma manera, los compromisos acordados en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer reafirman lo establecido en la Convención del Niño y la Niña y declaran que "toda persona tiene derecho a disfrutar del más alto nivel posible de salud física y mental", definiendo la salud reproductiva como "la capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos y de procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia. En la CIPD, los gobiernos acordaron que "los países, con la asistencia de la comunidad internacional, deberían proteger y promover los derechos de los adolescentes a la educación, la información y la asistencia en materia de la salud reproductiva" .A pesar de todo lo recogido en las conferencias anteriormente existe una postura que reafirma su contrariedad hacia el aborto. Las razones principales para las asociaciones pro-vida o foros por la familia defienden la necesidad de aportar otras opciones a las adolescentes entre las que destaca la adopción. En estos foros encontramos las siguientes razones o negativas hacia el aborto: 1)Los abortos de madres de menos de 20 años que se producen trimestralmente días en España (3.500 abortos) servirían para cubrir la demanda anual de adopción internacional. 2) Los abortos que se producen anualmente (13.800 abortos) triplican la mortalidad por accidente de tráfico de todo 1 año. 3) Cada mes 1.160 niños dejan de nacer en España por el aborto de madres de menos de 20 años. Esto equivale a que cada mes desaparecería un colegio de tamaño medio en España por falta de niños
Maripino Martel Jiménez (Estudiante de la U.L.L)